18 abril 2014

El nuevo fenómeno Instagram

Dijo Henry Cartier-Bresson que a él no le interesaba la fotografía, sino "la vida", porque fotografiar era –es– algo así como "colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje". 

Dijo Alfred Eisenstaedt que "lo más importante no es la cámara, sino el ojo"; Robert Frank, que lo realmente valioso es "ver aquello que resulta invisible para los demás"; y Robert Capa, que si las instantáneas no son lo suficientemente buenas "es porque no te acercaste lo suficiente". 

Y, por paradójico que parezca, ninguno de estos grandes fotógrafos dedicó ni una sola de sus palabras a sus cámaras, los instrumentos con los que inmortalizaron el mundo y sorprendieron a parte del universo.

La fotografía vive hoy una nueva y sorprendente eclosión. En pleno siglo XXI se realizan más fotos que nunca, se editan más fotos que nunca y se comparten más fotos que nunca gracias a los más de 3.000 millones de móviles con cámara que pululan por el planeta. 

La irrupción de las cámaras digitales, su posterior incorporación a los smarpthones y la aparición de un buen número de aplicaciones relacionadas con la edición y el retoque ha provocado una verdadera revolución: la democratización de la fotografía, que ha dejado de ser coto privado de profesionales de la imagen para popularizarse entre todo tipo de sujetos, más o menos tecnologizados.

Ya no hace falta ser ningún experto en Photoshop ni disponer de un costoso equipo para conseguir unas instantáneas que, a golpe de filtro, pueden adquirir una apariencia sorprendente, creativa e, incluso, artística.

"La fotografía vive una constante revolución tecnológica y es evidente que el interés por ella va en aumento debido a la permanente innovación y la popularidad del uso de los móviles y las redes sociales", confirma Emily Adams, directora del Máster PHotoEspaña en Fotografía Artística de La Fábrica, uno de los centros referente para los apasionados de este arte en Madrid.

"La fotografía móvil es rápida, espontánea, inmediata y accesible", explica Roberto Arribas, periodista, movílgrafo y autor de Photos on the Move, el espacio online en el que ofrece su particular visión de Segovia, ciudad en la que reside, y de la IE University, lugar donde trabaja. 

"Hacer fotos con un móvil y subirlas a la red no te convierte en fotógrafo o artista, pero sí te ofrece la posibilidad de dar a conocer tu creatividad a nivel global", añade este periodista, que asegura guiarse por el axioma "siente, capta, expresa y comparte".

La avalancha de megapíxeles con los que las marcas rompen el mercado cada cierto tiempo puede llevar a pensar que, en este nuevo horizonte artístico, más es mejor.

Pero los movílgrafos, por extraño que parezca, reivindican el don de la oportunidad, la creatividad, la composición, los colores y el instante por encima de otros aspectos.

Y es que la fotografía móvil pretende cuestionar las fronteras del arte, dejando de concentrarse en la técnica y el medio –la cámara– para dar rienda suelta al mensaje –la imagen–. 

"Un instagramer –así se denomina a los usuarios de la pujante red social Instagram– tiene más libertad que un fotógrafo ya que puede permitirse el lujo de romper con todas las reglas academicistas de la fotografía. Ahí reside el encanto y el reto diario", confiesa Arribas.

Pero, ¿puede tener algún valor fotográfico o artístico este constante juego de contrastes y retoques? El debate está servido, y son muchos los fotógrafos profesionales que aseguran que no todo el mundo goza de la sensibilidad necesaria para emocionar con una instantánea.

"Un buen fotógrafo debe tener una especial sensibilidad, tiene que disponer de una serie de gustos y de maneras de entender el arte muy particulares", explica Victor Lerena, presidente de la Asociación Nacional de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión (Anigp) y fotógrafo profesional, que reconoce que "desde que se inventó el automático", el acceso al mundo de la fotografía se ha popularizado sustancialmente.

El Espacio Fundación Telefónica ha roto una lanza en favor de los creadores más anónimos e inauguró el pasado jueves la Instagramers Gallery Madrid, la primera galería de Europa dedicada a la exposición de instantáneas procedentes de esta red social y de fotógrafos, en su mayor parte, desconocidos. 

Esta red social, que cuenta con más de 100 millones de usuarios registrados y en la que se publican alrededor de cinco millones de imágenes cada día, ha supuesto un antes y un después en la popularización del noble arte del retrato.

"La imposibilidad de conseguir un gran nivel técnico hace que el ingenio se agudice, que seas más creativo, y la fotografía móvil ha hecho que la gente disfrute gracias a algo tan reducido o limitado como un smartphone, que a menudo nos acompaña en todo tipo de situaciones", comenta Philippe González. 

Uno de los promotores de este innovador proyecto y fundador del exitoso blog Instagramers, a través del cual se han organizado quedadas de fotógrafos móviles en más de 60 países.

El impacto de la tecnología en el arte y la aparición de nuevos lenguajes y modelos comunicativos ha provocado que espacios físicos vanguardistas como éste se abran a nuevos caminos creativos que se fraguan en el universo online. 

"Al final, por muchos followers que uno tenga, no hay nada como ver impresa una de tus fotos", reconoce González.


La fiebre por la fotografía vintage llega hasta tal punto, que Polaroid prevé lanzar una cámara digital instantánea, capaz de imprimir fotos con filtros de Instagram al momento. 

¿Moda hipster? ¿Un nuevo concepto artístico? Sea como fuere, con móvil o sin él, al final lo importante es poner "la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo eje".

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