09 septiembre 2017

Marrakech un placer para los sentidos

Sensual hasta el tuétano, Marrakech, eternamente en boga, es lo mejor que puedes regalarle a tus sentidos. Lo ha sido siempre, pero lo es hoy más que nunca porque al hechizo de la Medina se une una explosión de riads boutique, terrazas chill out y sofisticados spas que coronan el atractivo milenario.

Es el contrapunto ultramoderno a la belleza de palacios y jardines, al aroma de la jaracanda, al bullicio de la incomparable plaza de Jemma el-Fna y la quietud de las viejas paredes del Atlas... La ciudad roja está haciendo lo imposible para seducir aún más al visitante, con buenos resultados.

El viaje a la modernidad, acelerado en los últimos diez años, ha añadido tonalidades al tapiz variado de visitantes. Bohemios, sibaritas, celebrities y soldados rasos del low cost siguen entrando a buen paso por las 24 puertas que perforan sus murallas, pero la antigua ciudad imperial tiene ahora un amplio catálogo de lugares donde reina el ambiente chic y la estética vanguardista al servicio del urbanita más hedonista. Brotando aquí y allá, como una vez surgieron los infinitos puestos del fascinante zoco, Marrakech se está cubriendo de hoteles, restaurantes y tiendas de moda que quieren competir con las metrópolis europeas más cosmopolitas.

Si pide una mesa en la soleada terraza del Keshmara (3, rue de la Liberté), en pleno corazón del barrio de Guéliz, podrá verlo con sus propios ojos. Un día entre semana, a las 13:30, un joven marroquí trabaja en un portátil Mac mientras una pareja charla cóctel en mano contra el blanco impoluto de este local futurista y desconcertante, salpicado de pinturas contemporáneas y sillas del diseñador danés Verner Panton. Es tal vez menos evocador que el minarete de la mezquita Kutubia, el faro islámico que rompe un skyline bajo de caóticos tejados y puntas de palmeras. Tampoco se oye la llamada del muezzin a la oración, ni el retumbar de los tambores cuando cae la noche en el corazón de Marrakech, pero son locales como éste los que están poniendo a la antigua ciudad imperial bajo el radar mundial de los destinos trendy, es decir, los de últimas tendencias.

Aquí, en la ville nouvelle, donde se asentaron los recelosos franceses huyendo del polvo de la Medina, es donde la tranformación ha ido más lejos. Las muestras de art decó que enseñoreó el lugar el siglo pasado compiten ya en desventaja con los espacios minimal de estos garitos un tanto pretenciosos y regentados casi en su totalidad por empresarios franceses.

En la rue Mohamned El Beqqal, por ejemplo, la fachada del hotel Le Bad nada hace sospechar que se encuentra ante un hotel de diseño decididamente singular, a años luz de los más tradicionales hoteles-riad (las casas típicas marroquíes con un patio central). Nada que ver tampoco con los suntuosos resorts del Palmerai, el oasis elitista de las afueras de Marrakech. Le Bab es diferente. Sofisticado. Urbano. Un mundo inventado en blanco negro cuyo único vínculo de unión con lo marroquí son las fotografías costumbristas de su hall.

Es también un concepto diferente porque al contrario de otros hoteles de lujo, pongamos La Mamounia, esa leyenda de la ciuda roja, vive abierto al exterior. Y es que Bab significa 'puerta' y cuando el sol empieza a flaquear se convierte en un glamouroso club donde tomarse la primera.
A la hora del aperitivo, que para los marroquíes es antes de la cena, entre las 6 y las 8, merece la pena subir al Cielo de Le Bab. En la azotea de este hotel cubierta de piedrecitas y cómodos sofás, se encontrará música chill out y un personal experto en mojitos y baudoir (un cóctel de fresa, kiwi, frambuesa y vodka). La copa cuesta 80 dirhams (cerca de 8 euros) , un precio muy europeo.

Antes de que caiga del todo la noche sigue siendo obligatorio acercarse al universo mágico de Jemma el-Fna y su espectáculo de encantadores de serpientes, aguadores, danzadores, cuentacuentos, pitonisas y tatuadoras de henna. Entre los mil y un aromas reconocerá el de cordero asado, perfecto estímulo para ir a cenar a La Tangia (14, Derb J'did, Hay Essalam), un elegante restaurante oriental situado entre los palacios de la Bahia y El Badi y perfecto para devorar una pastilla de pollo o, si se atreve, de pichón. La Tangia presume de combinar sutilmente el art de vivre marroquí con los detalles occidentales. Aquí, mientras se derriten las velas en la terraza de su último piso, con vistas al barrio hebreo, interrumpen la velada infinitos destellos de cuentas y monedas que orbitan alrededor de enloquecidas caderas... son las bailarinas de la danza del vientre que al entrar en escena disparan la sensualidad del momento. Pero son las 10:30 en Marrakech y la noche marroquí no ha hecho más que empezar.

Si está en la ciudad roja durante un fin de semana puede quedarse perplejo de la cantidad de lugares consagrados al magnetismo de la noche y a la clientela internacional. Ya es un clásico el sexy y caótico Comptoir Darna (avenue Echchouada, Hivernage) con latidos electrónicos y suntuosa decoración oriental. En la carretera hacia Ourika, dejando Pachá a la izquierda, Bo-Zin (Route de l'Ourika 3.5 km) es el punto de encuentro de la gente guapa de la ciudad. Expatriados y locales vip vienen a este restaurante por la atmósfera chic y la fusión tailandés-francés-marroquí de su menú. Su espectacular jardín de bambúes y palmeras, con haima incluida, merece la pena el trayecto en coche.

Ya por la mañana, no hay que perderse otro jardín, el bellísimo Majorelle, oasis idílico de especies botánicas del desierto legado del artista francés Jacques Majorelle (avenue Prince Moulay Abdellah). Un icono inmortal de la moda, Yves Saint Laurent, rescató el mosaico natural de lirios, cocoteros, bambúes y plátanos del abandono y hoy descansan aquí sus cenizas. Hay que respirar hondo en Jardín Majorelle para preservar ese bálsamo de tranquilidad que transmite, un lujo que no se alcanza desde luego en la vibrante Medina, donde las sensaciones se reciben a trompicones.

Larga vida al zoco
Ya sea para llevarse unas babuchas típicas, una alfombra, una lámpara o unos sabrosos dátiles para reponer fuerzas, cómo no ir al viejo zoco, laberinto interminable de la compra callejera. Perderse no sólo es facilísino sino imprescindible para observar cómo trabajan los artesanos, los curtidores, grabadores, los herreros... y transportarse a un mundo inquietante de herramientas arcaicas y habilidad manual. Si no ha conseguido deshacerse del hechizo del bazar, pero necesita un descanso, el Café Árabe (184, rue Mouassine), con sus excepcionales vistas de la ciudad y ambiente cosmopolita es una apuesta con mucho estilo donde encontrará a muchos residentes extranjeros.

Más selecto y elegante, Le Foundouk es, por su calidad y su buen gusto, un restaurante que gusta a ilustres nombres del papel couché. Tiene un encanto añadido y es que hay que perderse para llegar hasta él. Como punto de referencia hay que tomar la madrasa de Ben Yusef (Place Ben Youssef), una auténtica joya herencia del siglo XIV, cuando Marrakech era uno de los centros islámicos y culturales más importantes del mundo.
La escuela coránica, de marcada influencia andalusí, es una impresionante edificación que llegó a albergar a 900 estudiantes. Subiendo desde aquí por la Souk El Passi se descubre una parte muy misteriosa de la ciudad, donde las caravanas comerciales paraban para pasar la noche. Ya destartaladas, quedan pocas de estas fondas medievales.

Una, sin embargo, está perfectamente reconstruida y alberga el amplio y luminoso Foundouk, donde la especialidad de la casa es un delicioso tajín (cordero que se deshace en la boca y que antes ha estado en la cocina un mínimo de cuatro horas, a veces toda la noche). Los camareros, uniformados con trajes tradicionales, son impecables. El Foundouk cuenta entre sus clientes recientes con Giorgio Armani o la actriz de Sexo en Nueva York, Kim Cattrall (la segunda entrega, por ciento, de la película se estrena esta semana en Estados Unidos y está rodada en Marrakech) así que, como se imagina, es imprescindible reservar mesa.
Las compras de Guéliz
Ha llegado la hora de conocer a fondo otra vertiente del Marrakech de hoy, el otro shopping que ofrece la ciudad nueva. Las compras en Guéliz son mucho más relajantes, tanto como quiera, porque se compra al estilo occidental, es decir, no hay regateo. Sus numerosos anticuarios, tiendas de moda y de diseño ofrecen una ventana al más moderno Marruecos.

En el Passage Ghandouri, donde brilla la alpaca y el bronce, compran adinerados clientes europeos y marroquíes. Aquí encontrará Yahya Création y Decoriente, considerados como dos grandes artesanos de la decoración de lujo. Para encontrar piezas antiguas marroquíes, en la rue de la Liberté, Mamounia Arts Gallery y Darkoum, son dos anticuarios muy tentadores. Al final de esta calle, en la esquina con la avenue Mohamend V, está Intensite Nomade, la boutique de moda de la diseñadora Frédérique Birkemeyer, cuyos caftanes europeizados han cosechado enorme éxito entre clientes muy conocidos, como la española Elena Benarroch.
Y para conocer a los creadores emergentes de la ciudad roja hay que aventurarse a Sidi Ghannem, punto de encuentro de artesanos y artistas a unos 15 minutos fuera de Marrakech, por la carretera hacia Safi. Este conjunto de naves industriales está considerada como la zona cero del diseño marroquí y cada día gana más adeptos.

Hay un poco de todo, así que entre fábricas destartaladas de mayoristas se encuentran estudios como el de Laurence Landon, una experta francesa en cristales que trabaja con orfebres locales, y los laboratorios de estética como Les Sens de Marrakech, una marca consagrada al famoso aceite de Argán.
Porque el llamado oro líquido de Marruecos no sólo se encuentra en empolvados frascos en el zoco, sino en sofisticados tarros al estilo Body Shop. Marrakech ya no da puntadas sin hilo.

14 agosto 2017

El universo del vintage

El universo del vintage no siempre trae buenos recuerdos. Cuántas veces uno ha salido con las manos negras de una tienda de segunda mano después de haber estado rebuscando entre el género alguna joya que llevarse a casa. Y cuántas las que, a la hora de probarse un vestido o una camisa, uno se pregunta quién los habrá llevado antes con gesto de suspicacia. Por no hablar de lo desastre que son muchas tiendas de segunda mano en Barcelona, en las que el género está desordenado, no siempre todo lo limpio que uno desearía y su precio hinchado.

Marisol Simó lleva prácticamente toda la vida vistiendo ropa vintage. Es una experta rastreadora de mercadillos, el 80% de sus vestidos son de Beyond Retro (la catedral del vintage, con sucursales en Inglaterra y Suecia) y tiene un instinto especial, desarrollado a lo largo de años de práctica, para detectar las pocas tiendas que quedan regentadas por señoras mayores en las que todavía se exponen pijamas para niños y ropa interior de franela en el escaparate. Pero no encontraba en Barcelona su tienda de ropa vintage ideal. Así que decidió aventurarse y montarla ella misma.

Bless that dress tiene nombre de boutique inglesa de los 60, pero no podría ser más española. Se abastece de stocks de tiendas y fábricas españolas, de Cartagena a Barcelona pasando por Valencia y Murcia, que en algún momento cerraron y dejaron grandes cantidades de polos, camisas, shorts y vestidos en el limbo, empaquetados y guardados a oscuras desde la década de los 40, los 60 y los 70. Esperando a que se hiciera la luz. Hasta que llegó esta pelirroja murciana afincada en Barcelona desde hace años (solista en sus ratos libres del grupo de pop Evripidis & His Tragedies) y decidió darles una segunda oportunidad. Bless that dress lleva desde enero rescatando del olvido del almacén muchas piezas únicas, diseños 100% españoles que poco le tienen que envidiar a la ropa importada de otros países. Aunque seguramente lo que hace especial a la selección es que se trata de productos de primera mano que nadie ha usado antes. 

«El concepto es recuperar piezas de una época en la que la ropa era algo importante y cuestiones como el diseño, el corte y la singularidad tenían una verdadera trascendencia. Poca gente se imagina la diferencia que hay entre un zapato hecho hace tres décadas y uno actual. En el tipo de cuero, el acabado, la calidad. La idea era poder vestir ropa de calidad de estilo retro a precios como los de Zara, sin timos de por medio. Y como poco, poder emular a nuestros padres cuando eran jóvenes y yeyés», explica Marisol. De momento, Bless the dress opera de forma online, a través de un blog y una página en Etsy, la web de comercio de productos artesanales.

08 julio 2017

Los mejores zapatos son los ingleses

Dejó pronto la escuela (lo echaron a los 15 años). Sin saber bien por qué (y en ausencia de otra vocación más clara), decidió hacer de su afición, oficio. «Seré diseñador de calzado», se dijo, sin conocer a ciencia cierta si esa profesión existía. Se formó con las bailarinas del cabaré Folies Bergère de París y, más tarde, junto a los grandes: Charles Jourdan y Roger Vivier. Hoy, Christian Louboutin (París, 1964) es uno de los maestros indiscutibles del calzado femenino. Antes, diseñó jardines en su ciudad natal y en Nueva York y trabajó como arquitecto de interiores. Aún se implica personalmente en la decoración de sus tiendas. 

«Procuro reflejar el espíritu de la ciudad en su interior. La boutique de Los Ángeles recuerda un estudio de cine de Hollywood, por ejemplo. En Madrid, nos hemos inspirado en los bordados y en la rosa. Esta flor, en gran formato, decora las paredes. Luego están las ya características celdas que acogen los zapatos, que en mi primer establecimiento en España se han transformado en cuevas. Reproducen los arcos de los cuadros de Giorgio de Chirico, también un palomar o muchos nidos juntos. 

Cada zapato espera ahí su oportunidad de emprender el vuelo en compañía de la mujer que lo quiera», evoca en su taller parisino, que hace las veces de boutique y gabinete de prensa. «Cada establecimiento tiene la oferta adecuada a su público. En los países asiáticos, la piel de serpiente no gusta porque la asocian a un animal desagradable, que se arrastra por el suelo. Y en las ciudades húmedas, el lino se percibe como una textura que se pudre y desprende un olor poco agradable. El concepto de lujo no es uniforme», prosigue el diseñador, que vende 340.000 pares de zapatos al año en los 50 países donde su emblemática suela roja pisa fuerte.

Antes de establecerse en solitario, Louboutin trabajó para Dior, Chanel e Yves Saint Laurent. En 1991, compró un pequeño local y decidió lanzar su propia marca. Al ver terminados sus primeros modelos, le disgustó el color negro de la suela: «Les faltaba vida», recuerda. Con una laca de uñas de Chanel, préstamo de una amiga, pintó una de rojo. Desde entonces, todas sus suelas son de ese color. Es su firma, su sello inconfundible, que tiene registrado. Y funciona: sus diseños se reconocen de inmediato. Al subir una escalera, al cruzar una pierna, al salir de un coche. La suela no es, en absoluto, la parte menos noble del zapato; al revés, acompaña la excelencia de toda la pieza. De ahí la necesidad de usarlos con cuidado, de mimarlos… y de comprar un par nuevo cuando se gasta la superficie encarnada, una de sus ideas magistrales.

Auténticos objetos de deseo, sus creaciones son piezas fetichistas que han cautivado a estrellas, testas coronadas y mujeres pudientes de todo el mundo. Algunas, fieles a un modelo, lo adquieren aunque no lo tengan en su número, sabiendo que nunca podrán calzarlos. El deseo es incontenible y los pagan con alegría, sólo por tenerlos en el armario, mirarlos y acariciarlos, cuenta su autor. Con los años, Louboutin ha desarrollado su propia psicología del alma y de los pies (calzados) femeninos. «Lo primero que observo de una persona es su rostro. A menudo creo adivinar el tipo de zapato que lleva. Las mujeres se dividen en dos grupos, según la importancia que le den al calzado», revela.

La mujer que se sube a unos Louboutin puede ser joven o no tanto, rica o caprichosa. Ambiciosa o seductora, casi siempre elegante, con certeza sofisticada. Atenta, en todo caso, a la importancia de los símbolos. Carolina de Mónaco, Catherine Deneuve. Dita Von Teese, Jennifer Lopez. Kylie Minogue, Oprah Winfrey, Madonna, Nicole Kidman, Kate Moss o Sarah Jessica son algunas de sus más fieles seguidoras, responsables, en gran medida, del éxito de la marca al exhibirla sobre la alfombra roja. «Puede que me presenten a una mujer y me sugiera un modelo. Pero la inspiración suele llegarme a través de una conversación, de un cuadro o de una película. Nunca tengo en mente las categorías sociales o profesionales para las que fabrico», concede.

Louboutin comprendió pronto la importancia de la arquitectura del zapato, de su construcción e ingeniería. El dominio de la técnica le condujo a superar los 12 centímetros de tacón (sin que protestaran sus fans, sino al contrario), pero es precisamente en la decoración donde se muestra más prolífico. Incorpora a sus diseños lazos de satén y ornamentos de lencería. Plumas, hebillas, cristales, joyas. No hay material que se le resista. ¿Qué piensa de los populares zuecos de plástico? «Me parecen feos. Muy feos», reconoce.

Como le enseñó Roger Vivier, conserva «una idea fantástica del calzado como elemento estético, accesorio presente si falta pero capaz de pasar desapercibido en beneficio de un halo de misterio». En ese juego entre lo visible y lo invisible, su creador es una suerte de mago cuya quimera se opera sobre el cuerpo femenino. «El zapato tiene que estar al servicio de la mujer. No se trata de que nadie se lance maravillado sobre sus pies. Es ella la que debe brillar, y el zapato adaptarse como un guante a su anatomía como un elemento que define y completa una bella silueta sin cobrar excesivo protagonismo. Para mí, un buen zapato es capaz de desaparecer para dejarse ver en tanto que complementa la belleza de la mujer que lo lleva.» ¿Qué se calza Monsieur Louboutin? «Me obsesionan los zapatos completamente nuevos. No soy como muchos hombres, orgullosos de sus viejos zapatos, con los que han pasado los años y compartido vivencias, la suela gastada, el cuero reblandecido y mil veces encerado… Prefiero los zapatos a estrenar. Una vez que he utilizado un par y se nota que han sido usados, pasan automáticamente a la categoría de calzado de calle. Me los pongo, me siguen gustando… pero pierden la magia. Suelo comprar zapatos ingleses. Tengo una colección enorme.»

«EL ZAPATO IDEAL ES INVISIBLE. SÓLO SE HACE NOTAR PARA REALZAR LA BELLEZA.»
«ME OBSESIONAN LOS ZAPATOS NUEVOS Y COLECCIONO MODELOS INGLESES.»

06 junio 2017

El champán Mumm el mejor champán del mundo

La incansable búsqueda de la excelencia, el espíritu de aventura y brillantez como parte fundamental del éxito son algunos de los valores que han llevado al diseñador industrial francés Patrick Jouin a colaborar con la firma de champán Mumm. Jouin ha querido plasmar estos principios en una cubitera inspirada en el icono de la firma: el Cordon Rouge de la Legión de Honor (la más alta distinción francesa creada por Napoleón I) que, desde 1875, viste las botellas de champán que reciben el mismo nombre.

Pero también, y especialmente, ha servido para rendir homenaje a su fundador, Georges Hermann Mumm, cuyo lema era "solamente lo mejor".

"Comparto con él la pasión que sentía por su trabajo", explica el diseñador. No es la primera incursión del creador francés en el mundo del lujo. Ha diseñado desde restaurantes (el interior del Jules Verne situado en la Torre Eiffel) hasta tiendas (la boutique de Van Cleef&Arpels situada en la parisina Place Vendôme). Jouin (Nantes, 1967) empezó su carrera de la mano de Philippe Starck , para el que trabajó durante cinco años antes de montar su propio estudio. "Starck me enseñó muchas cosas, pero después tuve que desaprenderlas para desarrollar mi propia manera de hacer las cosas". Su estilo sobrio y discreto se caracteriza por la exploración tanto de las técnicas como de los materiales y, sobre todo, por el hincapié en la honestidad con uno mismo como parte fundamental del trabajo. "Porque de lo contrario, no merecería la pena lo que hacemos", añade.

Otro punto al que el diseñador presta especial atención es el acercamiento del trabajo de un diseñador al gran público. "No somos genios, somos personas normales que utilizamos todo lo que otros hicieron antes para crear", explica. Además, para hacerse idea de su trayectoria, el Centro Pompidou ha decidido incluir una exposición dedicada a sus diseños. Desarrollada en estrecha colaboración con el diseñador y su equipo, la muestra explora el proceso creativo a través de objetos y materiales visuales que ilustran los más de 20 proyectos que representan el trabajo del estudio que fundó hace 10 años. De esta forma, el público puede introducirse en el oficio a través de objetos, escenarios, textos, proyecciones, bocetos... y todo con el único fin de comprender mejor el trabajo tan complejo que encierra el diseño sin importar su tamaño o función. "De alguna manera ha servido para humanizar el trabajo del diseñador, así como crear lazos con los clientes. 

Me siento muy orgulloso de exponer en el Centro Pompidou y enseñar a la gente el proceso de creación de objetos desde el boceto al objeto terminado ya que es un oficio apasionante".

18 mayo 2017

El stiletto más difícil de llevar

El 'stiletto', el zapato a medida de las colecciones de Christian Dior, para quien trabajó desde 1953. Los tacones eficaces, con forma cuadrada, que diseñó para las amazonas que exigían comodidad a finales de los años 60. Las bailarinas Belle Vivier, con la icónica hebilla cromada que lució Catherine Deneuve en la película Belle de jour, en 1967. Los zapatos de la Reina Isabel II el día de su boda, en 1947, o la primera colección de calzado prêt-à-porter, en 1963. Son algunos de los hitos de Roger Vivier (1907-1998), el fundador de una marca de zapatos que pervive en manos de un alquimista capaz de hacer del pasado, futuro: Bruno Frisoni, director creativo desde 2002 y artífice de la primera colección de Alta Costura de la casa, en 2017. 

Hasta 50 horas de trabajo implican estas piezas, el resultado del encuentro fortuito entre materiales preciosos y el savoir faire de los mejores talleres artesanos de París: los bordados de Montex o Lesage, las plumas y flores de Lemarié. Zapatos que pertenecen a colecciones exclusivas, de 20 piezas como máximo entre bolsos, zapatos y colgantes, y que se fabrican por encargo. El pintor Cy Twombly o la arquitecta Zaha Hadid son algunas de las referencias de un creador que encuentra en el arte la profundidad que necesita para crear. Su despacho, en el interior de la boutique de Roger Vivier en la parisina Avenue Montaigne, es un collage de libros de arte, piezas antiguas y pequeños robots presidido por sus maravillosos bocetos.

YO DONA. ¿Qué sintió cuando empezó a diseñar su primera colección para Roger Vivier?
BRUNO FRISONI. Admiraba su trabajo desde joven. Cuando llegué, la firma era un nombre bello, con una bella historia y algunos archivos, con los que experimenté un proceso de memoria selectiva y dibujé una colección imaginaria a partir de los elementos que me habían emocionado. Mantuve la silueta, los tics del diseñador y todo lo que significa trabajar un estilo, que atenué y reinterpreté. Es una suerte conocer una marca con un pasado y relanzarla. Me interesa conservar la filosofía de Roger Vivier, la idea es trasladar su época al presente para forjar una marca viva. Detesto el pasado, pertenezco al presente y al futuro, y no me preocupa el riesgo. Diseñar es como el esquí, si miras demasiado la pendiente no la bajas.

Habla del calzado como «su espacio predilecto», pero antes quiso diseñar ropa. ¿Qué le llevó, finalmente, a hacer zapatos?
Mi trabajo fusiona dos pasiones, la moda y el dibujo. Cuando supe que la vida mezcla una dosis de trabajo y otra de placer, me propuse unirlas. Nunca abandoné la idea de hacer ropa, mi trabajo gira en torno a ella. No me considero un zapatero, lo que me motiva es la moda. Concibo mis colecciones con abrigos, vestidos de día, de noche y de deporte. Unas veces prevalece un detalle y otras construyo el zapato como si fuera una prenda.

Sus colecciones suelen ser temáticas. ¿Cuál es el leitmotiv de la de Alta Costura primavera-verano 2017?
El paso del siglo XIX al XX, una etapa en la que se produjo una verdadera evolución sociológica y estética. Investigando, encontré unas fotos de moda del siglo XIX en las que aparecía una silueta femenina con corsé y mangas jamón. Imaginé a esa mujer muy Boldini, recibiendo por la noche a sus invitados en un gran salón diseñado por Michel Frank, con muebles de Eileen Gray. La colección es un paseo por el siglo y sus estilos artísticos más influyentes: el minimalismo, el arte africano, el Art Brut o el surrealismo.

¿El arte es su principal fuente de inspiración?
Si, la última Bienal de Venecia ha sido reveladora, la idea de recuperar materiales y transformarlos en algo magnífico se refleja en las piezas de esta temporada, en las combinaciones de organza, plumas y retazos de materiales nobles.

¿El proceso creativo de la colección de Alta Costura inspira el prêt-à-porter?
Por supuesto, en la colección otoño-invierno 2010/11 hay un espíritu muy couture. La técnica no es mi materia, trabajo a partir del dibujo. La mano revela lo que no ha sido formulado por escrito. Es la manera de trabajar de los creadores con los que he colaborado (Jean Louis Scherrer, Christian Lacroix, Yves Saint Laurent o Karl Lagerfeld), a ellos les interesa la idea. Alber Elbaz me hablaba de conceptos, anotados en un cuaderno del que nunca se separa, y Lacroix, uno de los más exigentes, dibuja constantemente. En alguna ocasión, me sugirió una palabra o me dejó entrever pequeños croquis, pero siempre se trataba de algo abstracto que yo tenía que interpretar. Es la inteligencia de las personas que saben que, cuanto más impreciso es el mensaje, más abierta está la puerta de la imaginación.

Viendo su espectacularidad, se olvida si son zapatos cómodos...
Eso queda en manos de los técnicos. Cuando un zapato hace daño es porque la estructura no está bien hecha, está mal equilibrada y la pieza que soporta el pie no está bien ubicada. Los zapatos de Roger Vivier son suaves y cómodos. Un zapato se fabrica para ser confortable, no para hacer daño. De ser así, ni siquiera se propone para la colección.

¿Qué le depara el futuro más cercano?
De momento, no hay novedades (risas). Estoy aquí para inyectar el espíritu de la época en la marca. Roger Vivier es una firma ambiciosa, quedan muchas cosas por hacer, muchas sorpresas que ofrecer.
«Destesto el pasado, pertenezco al presente y al futuro y no me preocupa el riesgo. Diseñar es como esquiar, si miras demasiado la pendiente no la bajas.»
Bruno Frisoni, director creativo de Roger Vivier
«La téncica no es mi materia. Trabajo a partir del dibujo, como Scherrer, Lacroix o Saint Laurent. Cuanto más abstracto es el mensaje, más abierta queda la puerta de la imaginación.»

09 abril 2017

Las viejas de Sálvame ya no están para pelearse

Don dos señoras que han clavado sus tacones en lo más alto de la sociedad. Dos animales de la elegancia y el glamour. Naty Abascal (66) siempre estuvo ahí, Carmen Lomana (60) acaba de aterrizar, al menos para los medios. Pero tras las máscaras del photocall, se esconde un mundo subterráneo de sentimientos. Como en todos los universos, también en el del postín hay rencillas y rencores, historias sin resolver. La más comentada, la de Lomana y Naty. No se soportan.

De ellas jamás sale nada en público, pero en privado es otra cosa. La veda la abrió Jesús Mariñas al desvelar que una «intrusa» había querido colarse en el avión privado que Isak Andic le había puesto a sus invitadas madrileñas para acudir a una fiesta de Mango en Barcelona. La intrusa era Lomana, y la aviesa mano que la expulsaba del olimpo de las afortunadas, la de Naty. La cosa la arregló el propio Andik mandándole a Carmen un billete en primera clase en vuelo regular. Cuando saltó a la prensa ya era oficial: Abascal y compañía consideraban a Carmen una advenediza.

Pero el desencuentro entre ambas viene de lejos. Aunque la que fuera duquesa de Feria diga ahora que no conoce de nada a Lomana, la rubia asegura que sí. Carmen era una de las señoras que acudía a los trunk shows que organizaba Abascal en el Hotel Santo Mauro de Madrid a mediados de los años 80. Seleccionaba a unas cuantas señoras bien para mostrarles la colección de Oscar de la Renta. «La conozco de la vida social y de que alguna vez le compré a ella la ropa de Oscar de la Renta. Lo hacía como un favor, porque ella se llevaba un beneficio».
En aquella época comieron alguna vez juntas. Nunca fueron íntimas, pero sí aliadas. Mezclar amistad y negocios no siempre es bueno, y algún malentendido las separó. Después vino Christian, el hijo de Chiquita Neven du Mont, una de las personalidades claves de Marbella. Este alemán es también el padre del hijo de Sandra Gamazo. Con él Naty estuvo unos meses, pero fue Lomana quien, más tarde (2017), mantuvo con él una relación de casi tres años. Aquello fue el detonante, Lomana rompió una regla clave en cualquier grupo de amigas: nunca te enrolles con el hombre que ha sido de otra.

Así pues, cuando Abascal y sus comadres vieron cómo Lomana se reinventaba en socialité de obligada presencia en los medios entraron en cólera y decidieron asesinar su ascenso social. O eso es lo que explica el entorno de Carmen. El de Naty piensa que esto no es más que una estrategia de la rubia leonesa para mantenerse en el candelero.

Parece extraño hablar de Naty Abascal en términos que no sean los del elogio a su elegancia y su savoir faire. Si el pasado fin de semana bailaba en el cóctel aniversario de Etro del brazo del mismísimo Jacopo Etro, estos días está en México para una producción de moda. Ella sobrevuela toda esta polémica con un escueto «no somos amigas ni enemigas. No conozco de nada a Carmen Lomana y punto». La sevillana afirma que su trabajo le absorbe tanto que no tiene «tiempo de escuchar los comentarios que se hacen» sobre ella. Y mucho menos de elaborar estrategias como las que se le atribuyen para hacer desaparecer del mapa social a la incómoda rubia.

Ella mantiene el silencio sobre este asunto, sólo puntualiza lo que le parece despectivo, reivindicándose una vez más como una trabajadora de la moda. «He sufrido mucho tocando puerta a puerta y casa por casa para vender algo. Y el Hotel Santo Mauro es el mejor sitio en el que he podido vender la ropa». Tampoco es cierto que ella fuera la mano negra que expulsara del avión de Andic a Lomana: «Eso es una leyenda».
Pero a pesar de no querer entrar al trapo, aquí huele a muerto. Hace dos semanas un pie de foto de la revista ¡Hola! especificaba que Naty llevaba en ese momento «joyas de su propiedad». Un tanto absurdo, si no fuera porque días antes Carmen Lomana había lanzado un enigmático «todo lo que llevo es mío, a mí nadie me presta ropa ni joyas porque no me hace falta».

Y como en todas las guerras, hay partidarios de uno y otro bando. El conocido estilista Nano de la Peña es abascalista: «Naty tiene una trayectoria, su imagen tiene algo que decir, tiene unos argumentos detrás. A Carmen la conocimos de la noche a la mañana, no puede abrirse camino tan rápido en este mundo».
Carmen Rigalt, la pluma que sacó a Lomana del ostracismo social, es más neutral. «Naty está unos peldaños más arriba, lleva mucho más tiempo en primera línea, pero Carmen nos está sorprendiendo a todos. Es bastante más lista de lo que pensábamos».

Puede que algo esté inquietando a Naty sobre el ascenso social de Lomana. A los más jóvenes les entusiasma. Mientras Naty tiene dos páginas en Facebook, con 2.300 fans, Carmen arrasa: tiene cuatro páginas y 24 grupos asociados, en total más de 8.000 lomanistas. Suficiente para emprender una guerra.

Natividad Abascal Romero-Toro nació en 1943 en Sevilla. Eran una familia numerosa de 11 hermanos. Su padre, Domingo Abascal, era un rico abogado y dueño de un próspero negocio de aceitunas, y su madre, Natividad Romero-Toro, fue la primera mujer que abrió una boutique en la capital andaluza.

Naty se casó en Nueva York con el escocés Murray Livingstone Smith, del que se separaría en 1975. El 14 de julio de 1977 contrajo matrimonio con Rafael Medina y Fernández de Córdoba, duque de Feria, un antiguo novio. Tras el verano de 1988 empezaron a correr rumores sobre la posible relación sentimental entre Naty Abascal y Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid. Desde que se separara, en octubre de ese año, la han relacionado con varios hombres, pero nunca en serio.

Naty Abascal siempre se jacta, y con razón, de ser «una curranta». Actualmente es una reputada estilista. Trabaja para la revista '¡Hola!' y es asesora de Mango en asuntos de diseño. Está considerada una de las mujeres más elegantes del mundo. Fue portada de la revista 'Harper's Bazaar', imagen de Cartier y Bulgari, maniquí de Revillon y Maximilliam, modelo de Salvador Dalí, cotizado 'topless' de 'Playboy', actriz secundaria para Woody Allen y reina indiscutible de la alta costura.

Naty Abascal ha hecho del estilo su forma de vida. Trabajadora de la industria de la imagen desde siempre, sus dos grandes estandartes han sido Oscar de la Renta y Valentino, de los que es musa. Aunque cultiva un 'look' algo barroco, su fantástica complexión lo aguanta todo. Combina diseños de Zuhair Murad para Mango con los grandes clásicos de la moda.

Como Isabel Preysler, Naty cultiva el misterio. Fascina más callada, y lo sabe. Por eso es tan difícil que conceda una entrevista a la televisión o a la radio. Sólo habla para '¡Hola!'

Carmen Lomana es una de esas privilegiadas a las que no les hace falta trabajar para vivir, aunque ahora valore una suculenta oferta de una cadena para convertirse en su colaboradora estrella. Hasta su aparición estelar del brazo de Javier Rigau (aquel ex prometido de Gina Lollobrigida) hace dos años, era una perfecta desconocida para el gran público. Habitual de la escena marbellí, pero también de Nueva York, de Bali o de Londres, era una señora millonaria como hay otras, aunque, dicen, deseosa de cierta notoriedad. Ahora la ha conseguido y disfruta con ella, es su nuevo juguete. «¿Y por qué voy a pedir disculpas si no hago daño a nadie?», dice a LOC.
Lo cierto es que al establishment social no dejan de atragantársele estas nuevas celebrities. La última batalla la ha ganado Naty, al darle una cena al conocido fotógrafo Mario Testino que Lomana pretendía desde hace meses. «Bah», dice Lomana, «así me ha quitado un problema de encima». Lo cierto es que la rubia le prometió al artista un pequeño homenaje cuando viniera a Madrid a recibir un premio de moda. Pero ¡ay!, Naty, amiga desde hace tiempo del fotógrafo, tuvo la misma idea. Y Testino tuvo que elegir.
Esto ocurrió hace dos semanas, pero Carmen prefiere la paz pública. «Con Naty no hay ningún enfrentamiento y, aunque lo hubiera, no lo contaría a la prensa. Dice que no me conoce y no es verdad, será que está mayor y no se acuerda».

Asegura Lomana que nunca quiso ir en el avión de la polémica. «Cuando me contaron el plan de ir todos juntos me pareció un horror, cuando viajo me gusta ir sola y tranquila».
Pero Carmen sabe, intuye que algo ocurre. Si alguien ha filtrado sus rencillas es el entorno de la sevillana. «A lo mejor es una cuestión de inseguridad, de no querer que le hagan sombra, o simplemente es que la gente no puede soportar que haya dos mujeres solas, independientes, que no necesitan de ningún hombre. Ojalá hubiera muchas como nosotras», concede la leonesa con ánimo conciliador.

De momento, la sangre no ha llegado al río. Ambas coinciden en numerosos actos sociales. No se saludan. «Pero a sus hijos les tengo mucho cariño», puntualiza Lomana. Y termina con una buena dosis de filosofía lomanista: «Cada mujer es única e irrepetible, somos totalmente diferentes». ¿Es que no hay sitio para todas?

Mª del Carmen Fernández-Lomana Gutiérrez nació en León por accidente (la familia de su madre es asturleonesa) en 1949. La ciudad en la que se crió fue San Sebastián, donde su padre era director general del Banco Santander. Su madre, que a sus 84 años está en plenas facultades, es la que le ha enseñado el estilo a la hora de vestir y el gusto por los diseños de alta costura.

La de Carmen Lomana y su marido, Guillermo Capdevila, es una historia de amor casi de película. Le conoció en un club de jazz del barrio de Chelsea (Londres), cuando ella era una veinteañera y él un chileno apasionado y bohemio. Tras unos meses de relación se casaron, y el matrimonio les duró 22 años. Hasta que él falleció en un accidente de tráfico. Tras el duelo, Carmen decidió disfrutar de la vida y afirma que «siempre está enamoriscada», aunque los hombres no aguantan a una mujer «independiente» como ella.

Fue relaciones públicas del Banco Santander en Londres, aunque al casarse abandonó esa labor. Al quedar viuda tuvo que hacer frente a la gestión de las empresas de su marido, arquitecto y diseñador industrial, y de las patentes que había dejado (algunos dicen que más de 1.000). Económicamente, tiene su vida solucionada.

Carmen Lomana cuenta que las maletas del viaje de novios de sus padres se las hizo la casa Loewe. Lleva la alta costura y la moda marcadas en el ADN. Por eso se atreve con todo. Es clásica pero con un punto irreverente. Se viste habitualmente de Ion Fiz, Amaya Arzuaga o Ana Locking, los más adelantados de las pasarelas españolas, aunque también tiene habitaciones -que no armarios- repletas de 'Chaneles', 'Diores' y otros imprescindibles.

«Nunca pensé salir en televisión y ahora resulta que me chifla», dice a LOC. Carmen Lomana está en plena efervescencia mediática. Por eso ha contratado los servicios de un representante.

01 marzo 2017

La mujer escaparate

La dueña de la tienda puso a la muchacha en el escaparate siguiendo el instinto comercial de un agente publicitario. Una chica con ansias de modelo y vestida con un bikini hecho con hojarasca de olivo. La campaña estaba hecha. Y la guerra. María de la Cabeza Galán es dueña de una boutique de lencería femenina en Martos y quería ganarse con ese escaparate viviente un poco de notoriedad y sumarse a la fiesta de la aceituna. Quizá no había leído mucho a Arthur Miller ni había ido a ver ninguna representación de Las brujas de Salem. Quizá tampoco estaba muy al tanto de lo que fue el código Hays en Hollywood. De lo que sí se está enterando es de cómo, gracias a la ridiculización de unos valores progresistas, estamos asistiendo al resurgimiento del código del viejo y casto Hays y al revuelo de las nuevas brujas de Salem.

Así que María de la Cabeza se ha encontrado con un expediente sancionador por parte de la Junta por considerar que su escaparate pertenecía a una campaña discriminatoria contra la mujer, ya que hacía un uso indebido de la anatomía femenina. De poco le valió a la dueña de la boutique Tentaciones colocar a dos hombres dentro del escaparate en ropa interior. No hacía más que empeorar las cosas. Y si se descuida muy pronto le censurarán el nombre provocativo y machista de su tienda. Tentaciones de qué. La hoja de olivo provoca escozor en las intimidades. También la miopía produce irritación en los ojos y en el cerebro. Micaela Navarro, consejera de Igualdad, es víctima de esas irritaciones mentales. Le ha dado tan fuerte a la manivela del feminismo y la progresía que sus caballos han ido a parar al campo del beaterío y la intransigencia. La tuerca pasada de rosca.

Las fanáticas de Salem perseguían con tanto ahínco el pecado en las mujeres libertinas y veían tanta sospecha de brujería por todos lados que al final ellas mismas, las defensoras de la virtud a ultranza, acabaron convertidas en las auténticas brujas gracias a esa descontrolada exaltación de la pureza. Naturalmente que hay que defender la dignidad de la mujer, tanto tiempo vapuleada, pero para eso no hace falta darle esquinazo al sentido común. Y el sentido común nos dice que lo ocurrido en la tienda de Martos está en los linderos de un histerismo puritano y reaccionario. La prueba es que en ese aquelarre han participado con la misma vehemencia aquellos que se indignaban por considerar el escaparate un acto de degradación femenina, con la consejera de Igualdad al frente, y quienes lo repudiaban por indecente y pecaminoso, con la moralina parroquial de fondo.

¿Dónde, en qué esquina, parará la intolerancia que viene desde la Consejería? Se supone que del mismo modo que hubo que desalojar el escaparate habría que retirar las fotos publicitarias de todas las lencerías andaluzas, porque en todas aparecen modelos luciendo prendas íntimas, es decir, según el código Hays de Micaela vendiendo a la mujer como ganado. Y lo mismo se podrá aplicar a los pimpollos masculinos que lucen torsos desnudos, o a esos calendarios benéficos de ONGs con gente tapándose el culo con un casco de bombero o una raqueta de tenis, y a Ana Obregón, que deberá hacer sus posados estivales en la cárcel, por deshonrar la imagen de la mujer. La asepsia que la consejera y sus seguidoras pretenden es imposible. La persecución de toda iconografía sospechosa de desequilibrio o exaltación del género acaba convirtiendo las reivindicaciones feministas en una parodia digna del viejo azote de Hollywood, que cerraba su código diciendo: «Las exhibiciones del cuerpo están prohibidas. El ombligo también». Y la sensatez también, habría que añadir.