02 abril 2018

Frikis más que frikis

Algunos hablan de «mono informático». Los afectados, por su parte, lo consideran, normalmente, como una actividad cotidiana o como un «hobby». Lo cierto, no obstante, es que una nueva generación de «maniacos, adictos y enganchados» está naciendo en torno a determinados usuarios de la informática. En Estados Unidos y en algunos países europeos, el «ordenomaniaco» es una figura suficientemente conocida. El usuario pasa innumerables horas sentado frente a una pantalla fluorescente trabajando o, simplemente, jugando. Hasta aquí todo parece, inicialmente, normal. Los problemas, como suele suceder en estas ocasiones, son suscitados por los profesionales de la Medicina, que creen ver en estas personas un característico síndrome de dependencia que lleva a la soledad, al aislamiento e, incluso, a la depresión, además de otros problemas menores entre los que no se contabilizan los meramente físicos o de visión derivados de inadecuadas posturas frente a las pantallas. Los niños han encontrado en el ordenador un inmejorable compañero de juegos, siempre dispuesto y que atiende fielmente sus instrucciones. Los adultos, por su parte, logran encontrar el amante perfecto que nunca les abandona. Los testimonios de los «adictos» suelen ser suficientemente convincentes. Necesitan del ordenador.



José Alberto Mariñas, jefe de Prensa del Círculo de Bellas Artes, se negó un día a serguir escribiendo con máquinas tradicionales. Ese fue uno de sus primeros contactos con la informática. Aunque el caso de Mariñas no es el ejemplo típico de un «ordenomaniaco», reconoció a EL MUNDO: «Hubo épocas en las que practicaba con el ordenador hasta cinco horas, después de haber terminado mi trabajo». «Cuando se empieza a utilizar un programa concreto que te apasiona -señaló Mariñas- los conflictos familiares suelen ser frecuentes. Esto a mí me ha ocurrido alguna vez». «Algunas mujeres de amigos míos pueden llegar a tener celos del ordenador, pues pasan más tiempo con él que con ellas. Yo no tengo estos problemas, intento compaginar todo, aunque la verdad es que no les salen telarañas a los teclados de los tres ordenadores que tengo en casa». Por su parte, el director de cine Emilio Martínez Lázaro, aseguró tener cierto vicio. «Me gusta hacer programas, aunque realmente sólo soy un aficionado. Yo suelo trabajar con el ordenador los fines de semana, aunque es cierto que se puede llegar a ser un maniaco. Concretamente, tengo un amigo (que trabaja en una empresa de informática) que tiene serios problemas con su mujer. Tanto la mía, como mi hija, suelen ser, afortunadamente, bastante benévolas». Otro caso es el de Rafael de Lorenzo, de la empresa 3M. «Dedico, por mi trabajo, muchas horas al ordenador en la oficina. Luego también trabajo en casa y, aunque tengo una esposa comprensiva, a veces surgen pequeños roces». «Yo no siento -dijo- que me cree problemas, al contrario, me ha hecho conocer gente. El ordenador es un desafío, y trato de conocerlo. Cuando has dedicado muchas horas para lograr algo y, por fin, lo consigues, es gratificante». Por su parte, Jesús Lázaro, director en funciones de la revista Tribuna Informática, aseguró a EL MUNDO: «Los ordenadores han generado síndrome de soledad en algunos usuarios, hasta el punto de que ya se han celebrado simposios sobre el tema. Hoy hay niños que prefieren matar marcianos a jugar al fútbol. Se encuentran muy bien estando solos, y eso fomenta la insociabilidad y el egoísmo». Para Lázaro, «el verdadero vicioso es el niño. En adultos es algo más raro. En Inglaterra, Alemania y algunos países nórdicos, la adicción de los niños al videojuego es grande. Los chavales tienen equipos de poca definición, lo que les lleva a los salones de juego, pues el ordenador les resulta poco atractivo. Esto ya es algo preocupante, puesto que se gastan más dinero». «El egoísmo de los niños se centra en "mi ordenador, mi habitación y mis juegos". En Estados Unidos, hay verdadera adicción, mientras que en Inglaterra se ha llegado al extremo de intercambiar por módem imágenes pornográficas, al igual que antaño se hacía con los cromos. El ordenador se ha convertido en una nueva moda, que ya se ha introducido en España, y que crea cierta adicción».

Pese a todo, existe también la cara del éxito. Francisco javier Paz tenía 12 años cuando se enganchó al ordenador. Hoy, Paco tiene su propia empresa. «Reconozco que soy un vicioso de los ordenadores», manifestó a EL MUNDO. «Te metes en un vicio y no sales. Estas máquinas me han creado una dependencia, y más aún cuando sé, positivamente, que puedo obtener dinero». Paco y su socio, también de 20 años, facturan al año entre 15 y 20 millones de pesetas. Para que este salto fuese una realidad, tuvo que repetir tres cursos en el instituto, elegir sus amigos entre jóvenes interesados en la informática, y «piratear» programas para poder adquirir equipos mejores. «Hace poco -dijo Paco- ví un ordenador portátil, y me gustó tanto que lo compré». Este nuevo equipo lo lleva al Instituto Conde Orgaz de Madrid, donde estudia COU. En las horas libres, en los recreos y ente clase y clase, termina programas de su empresa. Toda una demostración de la proyección útil de la «adicción» al ordenador.

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