24 mayo 2014

Jubilados se ponen las pilas en la era digital

A las 9 en punto de la mañana la academia Studio 1, en pleno centro de Málaga, abre sus puertas. Las clases no empiezan hasta las 9.30, pero un nutrido grupo de alumnos llega media hora antes para utilizar el ordenador. 

Son jubilados, algunos octogenarios, como Charo, que ha aprendido en estas aulas a transitar segura por otro mundo, el virtual, y a hablar el mismo lenguaje que sus nietos.

"A mi esto me ha vuelto joven por dentro, porque me ha dado alegría. Y me ha unido a mi familia. Ahora manejo Facebook, Twitter o Skype; todas esas palabras que para mi, eran chino. Ahora hablo de todo esto con ellos. Hace unos días le pedí amistad por Facebook a una nieta mía, y no salía del shock", relataba Charo.

A sus 82 años, es la segunda ocasión en la que se inscribe en uno de los talleres gratuitos de la Fundación Harena que persiguen eliminar la brecha digital que existe entre generaciones, y que cuentan con financiación de la Fundación Vodafone. 

Gracias a las clases, a las que procura no faltar nunca, Charo logró comunicarse con uno de sus hijos, que se encontraba en México, y habla regularmente por Skype y a través de las redes sociales con sus nietos de Jaén y Zaragoza. "Esto me ha dado la vida; es como una segunda juventud", confiesa.

Antonio, de 73 años y exempleado de banca, comparte la experiencia, sentado en la última fila de la clase. "En la banca teníamos máquinas de escribir, y cuando llegaron los ordenadores teníamos sólo los programas propios del banco. 

Pero nada de internet. Ahora que lo he descubierto me he comprado un ordenador y sigo practicando en casa. Estas cosas te gustan cuando las sabes; cuando no tienes ni idea lo que sientes es miedo", reconoce.

"Antes, cuando preguntaba a otros cómo se hacía algo acababan por hacerlo ellos. Pero de esa forma no nos enteramos nunca. 

Lo que tenemos que hacer es hacerlo por nosotros mismos, y es lo que vengo a aprender al curso", relata Antonio, que ya estuvo apuntado con anterioridad a otro curso parecido impartido en uno de los centros de la tercera edad que gestiona el Ayuntamiento. 

Fue allí, precisamente, donde le informaron de estos cursillos, y de que había pocas plazas. "Me apunté enseguida y me vine para acá. Después de 45 años trabajando, esto me sirve de entretenimiento, es bonito y me resulta muy útil para mis viajes. 

¡No vas a estar siempre viendo la televisión! Yo no quiero ver 80 películas. Es mejor salir, viajar, aprender", considera.

Mari Carmen, de 65 años, se confiesa igual de entusiasmada. Jubilada antes de tiempo tras un accidente de tráfico, hacía 12 años que no tocaba un ordenador, y no sabía ni lo que era un ratón. 

"Mi hijo se fue a Inglaterra y me conectó ‘Skype’, pero yo, al no saber, le daba por error a algo que no era y no podíamos hablar. Se nos caían los lagrimones. Ahora pido las citas médicas por internet y miro los museos o los hoteles a donde voy a ir de viaje", relata.

Las nuevas tecnologías abren a los alumnos un panorama que antes no tenían, y, según explica su profesor, Pablo López, "empiezan a alucinar".


"Tenemos alumnos que cuando vieron a su nieto por ‘Skype’ cogieron el monitor del ordenador y le dieron un beso", cuenta López, que todos los días manda pequeños ejercicios a sus alumnos, muchos de los cuales han hallado un poderoso remedio contra la soledad..

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