29 septiembre 2012

No sabemos a que partido pertenece el gobierno


Escribo sobre el Grupo Socialista en capilla de un debate parlamentario porque tengo para mí que ya no es lo mismo Gobierno del PSOE que PSOE mismo y esa novedad o si se prefiere, inquietud, acabará reflejándose en las votaciones del Parlamento. Hay diputados que incluso creen que, al final, Guerra acabará haciendo honor a su apellido y no les dejará a solas con el mundo de Solchaga y sus poderosos amigos. Me extiendo sobre el microclima propiciado por la última crisis porque creo que el debate exterior, el de esta mañana en el Congreso, es de los de guión conocido. Al igual que Serra abandonó Defensa, tras la caída de Guerra, Aznar ha desmilitarizado a los Rato, Ramallo y Cascos.

Por otra parte, es sabido que el Gobierno desconecta el «sonotone» cuando quien sube a la tribuna es Julio Anguita. No hace falta tener carné de profeta para anotar que el presidente hablará mucho de Europa y menos o nada del 20 por ciento de espa ñoles condenados a la marginación. González desvelará algunas de sus ideas sobre el futuro proyecto de Defensa o modelo de Fuerzas Armadas. En este apartado podría encontrar apoyo entre populares y convergentes en la fase compensatoria de las resoluciones que tan elegantemente visten algunas fingidas discrepancias. Al igual que los suaristas, vascos del ala sabiniana y catalanes apoyarán sin fisuras un inconcreto «pacto de competitividad», llamado creo, en su traducción sindical, a ser la bicha del próximo 1 de mayo.

Ahora que el ergonómico Narcís Serra se ha pasado al centralismo y aquel trueno estatalista llamado Manuel Fraga milita en el autonomismo, todo será también posible entre ellos en el disperso, confuso y, por interpretable, contradictorio mundo del llamado proceso autonómico. Mi única duda es si Pujol permitirá a Roca hacerse esa misma foto. No quisiera exagerar el aire profético, pero me temo que el número de resoluciones que pueden llevar el sello de IU es igual a cero. Si el Grupo Socialista todavía sigue donde solía, nada les será aceptado a los de la tribu que encabeza Anguita. Sobre ese extremo no ha variado nada aquel ciudadano que un día soñó con cambiar España, empezando por él.

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