18 mayo 2017

El stiletto más difícil de llevar

El 'stiletto', el zapato a medida de las colecciones de Christian Dior, para quien trabajó desde 1953. Los tacones eficaces, con forma cuadrada, que diseñó para las amazonas que exigían comodidad a finales de los años 60. Las bailarinas Belle Vivier, con la icónica hebilla cromada que lució Catherine Deneuve en la película Belle de jour, en 1967. Los zapatos de la Reina Isabel II el día de su boda, en 1947, o la primera colección de calzado prêt-à-porter, en 1963. Son algunos de los hitos de Roger Vivier (1907-1998), el fundador de una marca de zapatos que pervive en manos de un alquimista capaz de hacer del pasado, futuro: Bruno Frisoni, director creativo desde 2002 y artífice de la primera colección de Alta Costura de la casa, en 2017. 

Hasta 50 horas de trabajo implican estas piezas, el resultado del encuentro fortuito entre materiales preciosos y el savoir faire de los mejores talleres artesanos de París: los bordados de Montex o Lesage, las plumas y flores de Lemarié. Zapatos que pertenecen a colecciones exclusivas, de 20 piezas como máximo entre bolsos, zapatos y colgantes, y que se fabrican por encargo. El pintor Cy Twombly o la arquitecta Zaha Hadid son algunas de las referencias de un creador que encuentra en el arte la profundidad que necesita para crear. Su despacho, en el interior de la boutique de Roger Vivier en la parisina Avenue Montaigne, es un collage de libros de arte, piezas antiguas y pequeños robots presidido por sus maravillosos bocetos.

YO DONA. ¿Qué sintió cuando empezó a diseñar su primera colección para Roger Vivier?
BRUNO FRISONI. Admiraba su trabajo desde joven. Cuando llegué, la firma era un nombre bello, con una bella historia y algunos archivos, con los que experimenté un proceso de memoria selectiva y dibujé una colección imaginaria a partir de los elementos que me habían emocionado. Mantuve la silueta, los tics del diseñador y todo lo que significa trabajar un estilo, que atenué y reinterpreté. Es una suerte conocer una marca con un pasado y relanzarla. Me interesa conservar la filosofía de Roger Vivier, la idea es trasladar su época al presente para forjar una marca viva. Detesto el pasado, pertenezco al presente y al futuro, y no me preocupa el riesgo. Diseñar es como el esquí, si miras demasiado la pendiente no la bajas.

Habla del calzado como «su espacio predilecto», pero antes quiso diseñar ropa. ¿Qué le llevó, finalmente, a hacer zapatos?
Mi trabajo fusiona dos pasiones, la moda y el dibujo. Cuando supe que la vida mezcla una dosis de trabajo y otra de placer, me propuse unirlas. Nunca abandoné la idea de hacer ropa, mi trabajo gira en torno a ella. No me considero un zapatero, lo que me motiva es la moda. Concibo mis colecciones con abrigos, vestidos de día, de noche y de deporte. Unas veces prevalece un detalle y otras construyo el zapato como si fuera una prenda.

Sus colecciones suelen ser temáticas. ¿Cuál es el leitmotiv de la de Alta Costura primavera-verano 2017?
El paso del siglo XIX al XX, una etapa en la que se produjo una verdadera evolución sociológica y estética. Investigando, encontré unas fotos de moda del siglo XIX en las que aparecía una silueta femenina con corsé y mangas jamón. Imaginé a esa mujer muy Boldini, recibiendo por la noche a sus invitados en un gran salón diseñado por Michel Frank, con muebles de Eileen Gray. La colección es un paseo por el siglo y sus estilos artísticos más influyentes: el minimalismo, el arte africano, el Art Brut o el surrealismo.

¿El arte es su principal fuente de inspiración?
Si, la última Bienal de Venecia ha sido reveladora, la idea de recuperar materiales y transformarlos en algo magnífico se refleja en las piezas de esta temporada, en las combinaciones de organza, plumas y retazos de materiales nobles.

¿El proceso creativo de la colección de Alta Costura inspira el prêt-à-porter?
Por supuesto, en la colección otoño-invierno 2010/11 hay un espíritu muy couture. La técnica no es mi materia, trabajo a partir del dibujo. La mano revela lo que no ha sido formulado por escrito. Es la manera de trabajar de los creadores con los que he colaborado (Jean Louis Scherrer, Christian Lacroix, Yves Saint Laurent o Karl Lagerfeld), a ellos les interesa la idea. Alber Elbaz me hablaba de conceptos, anotados en un cuaderno del que nunca se separa, y Lacroix, uno de los más exigentes, dibuja constantemente. En alguna ocasión, me sugirió una palabra o me dejó entrever pequeños croquis, pero siempre se trataba de algo abstracto que yo tenía que interpretar. Es la inteligencia de las personas que saben que, cuanto más impreciso es el mensaje, más abierta está la puerta de la imaginación.

Viendo su espectacularidad, se olvida si son zapatos cómodos...
Eso queda en manos de los técnicos. Cuando un zapato hace daño es porque la estructura no está bien hecha, está mal equilibrada y la pieza que soporta el pie no está bien ubicada. Los zapatos de Roger Vivier son suaves y cómodos. Un zapato se fabrica para ser confortable, no para hacer daño. De ser así, ni siquiera se propone para la colección.

¿Qué le depara el futuro más cercano?
De momento, no hay novedades (risas). Estoy aquí para inyectar el espíritu de la época en la marca. Roger Vivier es una firma ambiciosa, quedan muchas cosas por hacer, muchas sorpresas que ofrecer.
«Destesto el pasado, pertenezco al presente y al futuro y no me preocupa el riesgo. Diseñar es como esquiar, si miras demasiado la pendiente no la bajas.»
Bruno Frisoni, director creativo de Roger Vivier
«La téncica no es mi materia. Trabajo a partir del dibujo, como Scherrer, Lacroix o Saint Laurent. Cuanto más abstracto es el mensaje, más abierta queda la puerta de la imaginación.»

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