31 agosto 2012

Mira que da repelús


No pillas a la primera el soniquete de los títulos de crédito. Después, comprendes que el ingenioso juego de palabras se refiere a la gente «vipportante», una especie absolutamente trascendente para nuestra famélica y triste vida. José Luis Moreno, ese prodigio de simpatía y de naturalidad, que traslada su lado Hyde a un cuervo fascista y maleducado con aroma a especulador cazurro de viejas y hediondas épocas, nos saluda con su inconfundible voz melíflua y un jovial y familiar: «Bienvenidos a vuestro programa. Con nosotros siempre ganais. Ganais estar en un ámbito fenomenal, con una atmósfera superincreíble». A continuación, el «show-man» espídico nos presenta a esos «vips» tan codiciados que van a poner a prueba la sabiduría, la intuición y el bagaje mundano de los concursantes Rosa y Facundo. 

Distingo a la nada empalagosa enciclopedia ecuménica Paloma Gómez Borrero, dama que sufría sospechosos espasmos cada vez que se aproximaba a un Santo Padre, y a Julia Otero, sueño de ejecutivos y de ganaderos cori posibles, princesa de la luna, todo mohines y cordialidad. Facundo, que siente debilidad por el «glamour» de la princesa lunar, la elige para que le plantee fascinantes interrogantes sobre la verdad y la mentira. El misterio va de la relación entre obeliscos y lentejas, calzoncillos calados o adornados con conejitos, la identificación de los locos medievales con el queso, métodos de los vampiros para morderse entre ellos (Borrero los archiva y los ama), el auténtico color de los ojos de Miss Taylor, cuál es la uña que crece más rapido, y surreahsmos capaces de delatar a un guionista imaginativo. 

El ritmo acelerado que pretenden imprimir a su entretenimiento pedagógico tiene un complemento adecuado en las cuñas autopromocionales que se larga el tal Moreno, cotorreándonos las excelencias de Tele 5. Rockefeller mueve la pelvis y nos ofrece su elegante visión de la actualidad. Rosa no acierta con la llave milagrosa del coche. Moreno se despide con un intolerable: «Un abrazo y adiós, amigos». Admitir la posibilidad de su abrazo y de su amistad, me produce sensaciones estrictamentes fisiológicas.

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