23 agosto 2012

Los rockeros nunca mueren


Pero qué rockero estás hecho, Felipe. Cómo te brilla la mirada junto al estón, cómo se adivina el ritmo de tus caderas, el frenesí de tu talle, el brioso culebreo de tus pies. Qué morbo, hijo, a estas alturas, cuando yo me pensaba que ya sólo estabas para boleros. Como todos. Pero qué va. Estás hecho una olla exprés, permíteme que te lo diga. Basta verte en esa foto que sacaron ayer todos los papeles, tú y Mick Jagger al borde de un ataque de rock, basta con fijarse bien para precibir lo que te cuesta contener al jevi que llevas dentro. Ese encandilamiento en el mirar. Esa sonrisa tan peligrosa. Ese lacoste que, por cierto, te sienta como un tiro; la barriguita que te marca desmerece de tanto rock como de pronto transpiras. Pero, bueno, eso no importa. 

Esas son traiciones de la edad. Lo que importa es la marcha y está visto, por la foto, que la marcha te corroe. Qué satisfacción. Ahora que Mendicutti no nos oye, porque está estroncado después del despiadado viaje que nos hemos marcado por centroamérica y del que acabamos, de volver, te confesaré algo: hay una cosa que me preocupa. ¿Aguantará tu cintura, y sobre todo tu pelvis, el desenfreno del rock? Se prudente, Felipe, por favor, te lo pide servidora, la Susi, y ya sabes que la Susi, a pesar de todo, te tiene ley. Lo de tu pelvis me tiene obsesionada, francamente, desde que vi la fotografía. Es que te veo tan a punto de aterremotarte, de lanzarte como un trompo a los estertores de la música violenta, de perderte como un travolta por los torbellinos del rock, que me tienes más desvelada que Cari Lapique. Por lo que más quieras, contén un poquito tus impulsos, no te me vayas a escacharrar. Porque es fantástico que te sientas juvenil y apasionado, eléctrico y bailón, que algo ganaremos todos (ya estamos hasta el moño del baile lento y aburrido que últimamente te dominaba), pero una cosa es eso y otra que te nos hernies en el revolerío. Si quisieras un consejo de admiratriz, antes de ponerte a cien convendría que ensayaras un poco. No temas, nadie te va a rebañar el esplendor del rock. No veo yo, en todo el politiquerío nacional, a nadie con tus facultades. El único, Corcuera. Mira, Corcuera sí, él nació para retorcerse con mucho brío y glamur, lo que pasa es que lo encuentro un poco más punki de lo conveniente. Ya sabes que a mí me encanta. iQué hombre! Pero si ensayara, también él ganaría muchísimo. 

Así que ensayad los dos juntos y ya verás qué éxito. Hombre, lo ideal sería que Corcuera hiciese de Ann Margret y tú de Elvis. Pero me temo que Corcuera no va a querer. De todos modos, tú se lo propones. A lo mejor tiene una debilidad y ya sabes: todo es empezar. Igual termináis la legislatura rocanroleando a tope y con la pelvis intacta. Si es así, yo, la Susi, siempre seré tu grupi, rockero.

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