17 junio 2012

Será el trabajo una maldición divina

Poderoso cabellero es...

Peñafiel, también como don Juan Carlos, ha conocido a los personajes más importantes de los últimos 50 años.

A Franco «le traté muchísimo pero apenas hablábamos. Si escribiera un libro sobre nuestras conversaciones sería de 1.000 páginas... pero en blanco». A Suárez le entrevistó ocho o nueve veces. También fue el primer periodista al que Felipe González recibió en Moncloa.

«A Zapatero le traté poco pero sé que me tiene aprecio. Con los Aznar me llevo fenomenal». Eso sí: le encanta Mariano Rajoy. «Le admiro porque es de los pocos políticos a los que le cuesta dinero su profesión. En el registro podría ganar dos millones al año». Por supuesto, como el rey, se lleva «extraordinariamente bien con Rubalcaba». Dice que le preocupa la situación del país. «Es que yo, como la baronesa Thyssen, tengo problemas de liquidez. Me he visto obligado a subastar ese cuadro (y señala una testa de Ingres) para pagar mis deudas con Hacienda.

Claro, como necesitan dinero... Siempre he pagado mis impuestos hasta el último céntimo, pero ahora han decidido que no se puede facturar por sociedades. Me quieren penalizar con ciento y pico mil euros. ¿Y por qué no vende sus secretos para pagar su deuda? «Ya he dicho que soy leal».

El mejor amigo de don Jaime era Ramón Rato. «Cuando murió en mi casa, en enero de este año, fue terrible. Sólo la pérdida de mi hija puede superar ese dolor». Habla entonces de la crisis de Bankia, entidad que ha tenido que ser nacionalizada y cuya presidencia ostentaba Rodrigo, el hermano de Ramón, hasta su intervención. «Soy de los que pienso que hay que suprimir las cajas que no vayan bien. A Rodrigo le honra haber renunciado a su indemnización millonaria; algo que no han hecho otros». 

El trabajo es sin duda lo que permite a Peñafiel seguir siendo él mismo a los 80 años. «Llevo cotizando toda la vida. No me jubilé a los 65 y creo que no lo haré nunca. Sinceramente, estoy tan bien porque doy guerra. A mis 80 años me sigue yendo la marcha pero sin mala leche. Cuando llegas a determinada edad, te comportas como si tuvieras cierta bula pero siempre, excepto cuando estaba en ¡Hola!, que es una revista de evasión, he sido crítico que no críticón». 

Pero algún día se cansará y abdicará su columna. «Ya he dicho que no me voy a jubilar. Si dejase de trabajar viviría mejor... aunque viviría menos. Lo cierto es que disfruto tanto con mi trabajo. 
¡Peñafiel salve al rey! 

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