Viajando como nómadas

Para la gran mayoría hoy acaban las vacaciones, las de verdad y no el espejismo del fin de semana. ¿Se han preguntado ustedes por qué las vacaciones, esencialmente, se resuelven en un viaje? Decía Bruce Chatwin (huidor hacia el primitivismo) que somos viajeros de nacimiento. Pascal -tan contradictorio- se adelantó al declarar (no sin angustia) que notre nature est dans le mouvement. Sí, somos móviles por naturaleza. Lo que nos libera, nos relaja, nos oxigena y nos vuelve más abiertos, tolerantes y sabios, es viajar. (Uno de los más evidentes atrasos de los españoles en épocas pasadas, estuvo en no haber salido -ni física ni mentalmente- de su terruño). El movimiento cura la melancolía, y revolución -salga bien o mal- no es sino la radical necesidad de cambiar, rápidamente.

Todo lo mejor de nuestra humanidad significa viaje. Investigar, progresar, avanzar, saber, comprender, tolerar... Todos son viajes -mentales, personales- hacia zonas desconocidas o nuevas. El problema está -y es nuestro gran drama hoy- en que cuando el viaje se institucionaliza, masifica o robotiza (viajes organizados a sitios prácticamente idénticos) la virtud terapéutica del viaje se minimiza, y ese viajero monótono termina por darse cuenta de que está siendo engañado. Entonces podrá viajar hacia su interior -lo que siempre debiera hacer- y plantearse otro tipo de viaje, que para los ricos puede ser la falsa aventura -dos semanas, con caviar, en el Kalahari- y para otros, menos favorecidos o desesperados, la busca de sendas peligrosas, desde el tripi (to trip, zarpar, viajar) hasta las cavernas sadomasoquistas apócrifas.



Nuestras vacaciones son el viaje que necesitamos para vivir. Pero como todo nos lo están cosificando, reglamentando y secando, ¿qué puede hacer el falso nómada de agosto Madrid-Cullera o Barcelona-Arousa? Por más que se empeñe el poder (de Clinton a Aznar), no vivimos un mundo maravilloso. El capitalismo feroz lo destruye todo -los valores civilizados, digo- y la masificación llega a hacer que libertad sea, prácticamente, una palabra irrealizable. Con agosto no se acaba el viaje. Si lo piensa usted bien, amigo mío, si reacciona, a lo mejor el buen viaje empieza ahora...

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