Crowe lleva dentro a un Supermán

En Apocalípticos e Integrados, Umberto Eco escogía a Superman como paradigma del mito contemporáneo: una creación cultural que servía para analizar la forma de entender el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. 

Efectivamente, el personaje creado en 1938 por dos jóvenes judíos de Cleveland (Jerry Siegel y Joe Shuster) no sólo fue el comienzo de un concepto crucial (el superhéroe y todas sus aceptaciones), sino que inició una iconografía única que se ha extendido a lo largo de 75 años. Pero, quizá por haber sido el primero, el mito ha ido debilitándose con el paso del tiempo, por muchas vueltas de tuerca que se le haya querido dar a temas como la orfandad, el destierro, la responsabilidad que da el poder, la doble identidad... En definitiva, todos los elementos que sostienen la fábula.

Por eso, y queriendo emular el éxito del renacimiento de otro personaje del sello DC Comics –esto es, el hombre murciélago a partir de Batman Begins y, sobre todo, El caballero oscuro– Warner ha decidido reiniciar el mito con una nueva saga cinematográfica, tras el paso en falso que supuso Batman Returns (2006). El hombre de acero, que se estrena este viernes en España, cuenta con un nuevo Superman en la piel del británico Henry Cavill y apuesta por Christopher Nolan (responsable de la citada franquicia Batman) para impulsar el proyecto desde la producción y el guión. 

Dirige Zack Snyder (300, Watchmen) y completan el reparto Amy Adams (como la reportera Lois Lane), Michael Shannon (como el malvado kryptoniano Zod), Kevin Costner (como el padre terráqueo de Clark Kent) y Russell Crowe, que interpreta a Jor-El, progenitor de Superman y el papel que hizo Marlon Brando en aquella adaptación de Richard Donner de 1979. Para redondear la renovación iconográfica, el héroe deja de llevar calzoncillos rojos por encima de las mallas.

Crowe estuvo ayer en Madrid promocionando la película en calidad de estrella más fulgurante de este universo –el mismo rol que le correspondió en su momento a Brando– y también como descifrador de las claves ocultas del largometraje. Aunque, confesó, su aproximación al proyecto no ha sido la de un fan. "No era para nada consciente del entusiasmo que despierta en la gente este personaje. De una forma racional los entiendo, por supuesto, porque lleva 75 años entre nosotros y posee muchísimos poderes que la mayoría de nosotros quisiéramos tener".

En realidad, lo que le movió a sumarse al proyecto fue otra motivación, el particular tratamiento que hace el mito respecto a la idea de paternidad. "Todo el mundo puede entender un concepto como el de la separación de un ser querido", reflexionaba ayer Crowe durante la visita promocional. "Pero si eres padre o madre, el sacrificio que esto supone es gigantesco, incluso solo con pensar en ello. Cada minuto con tu hijo es más precioso que cualquier otra cosa en el mundo", recordaba. "Así que, en el caso de esta historia que contamos, el tomar una actitud egoísta y hacer que aferres a ese hijo, hará que éste muera. De ahí que mi personaje lo envíe lejos para que tenga una posibilidad de vivir".

"Ésa fue la razón principal por la que hice esta película: cuando leí el guión y éste me interpeló a plantearme qué haría yo en una situación como ésa", prosigue el actor. "Al menos en mi caso, toda la mitología desaparece cuando llega el momento de hablar de este padre y de su viaje tan complicado".

Para Crowe, que ha conocido la gloria pero también el rechazo (sobre todo a raíz de un altercado por el lanzamiento de un teléfono al conserje de un hotel en 2005), el futuro es un lugar extraño. La propia película camina un poco en esta dirección, al plantear un punto de partida en el que el apocalipsis interno que amenaza a Krypton obliga a Jor-El a enviar al pequeño Kal-El –futuro Clark Kent y futuro Superman– en una cápsula espacial hacia un planeta Tierra que no sabe aún cuánto necesita un héroe. Ya en nuestro planeta, el joven vivirá en un permanente conflicto entre descubrir quién es (y qué puede hacer) y ocultar sus poderes de unos seres humanos que no sabe hasta qué punto lo respetarán

Sin embargo, Crowe rechaza una posible lectura pesimista respecto al final de Krypton. "Creo que el mensaje de este filme habla justo en términos opuestos, como si dijese: ‘Mirad, hemos hecho un montón de estupideces, pero podemos cambiarlo. No tenemos por qué ser como Krypton, no tenemos por qué llevar las cosas hasta el punto en que todo desaparezca’". Para él, "definitivamente, hay paralelismos metafóricos entre lo que pasa en aquel planeta y lo que está sucediendo en la Tierra ahora". Y va más allá: "Esto sonará idealista y la intelligentsia siempre se opondrá a que la cultura popular sea tan poderosa como ella, pero si podemos sembrar en las cabezas de todos los chavales de 14 años que el amor es lo más poderoso que tenemos y que nunca deben tenerle miedo al amor, lo único que conseguiremos serán cosas buenas".

Preguntado por la posibilidad de que, como hiciera Eco, la nueva producción de Superman suponga también un punto de partida para un análisis histórico, del contexto en que fue rodada, Crowe se moja: "La película habla de lo que se necesita en estos momentos en EEUU... y también globalmente. Y digo primero lo de EEUU porque el director estadounidense, pero Henry Cavill es inglés, yo soy australiano... En realidad hay gente de todo el mundo reunida para crear esta película. Pero a lo que iba: No creo que los últimos 10 o 20 años hayan sido especialmente cómodos para ninguno de nosotros. Pero dentro de esta historia hablamos en términos de esperanza y ésta es la dirección hacia donde apunta la película. Podemos dejar atrás estos últimos años y hacer que los próximos 20 sean mejores. Pero eso requiere un mayor esfuerzo de todos nosotros". Crowe, que no se ha destacado nunca por ningún posicionamiento religioso o político en concreto, sí que ha mostrado públicamente su simpatía hacia el movimiento Occupy Wall Street.

Ahora bien, tampoco se enroca el actor australiano en su idealismo. "Cada vez hay más escepticismo, y la gente tiene buenas razones para ello", sentenció. Aunque, según él, para todo hay antídoto: "El arte sigue afectándome y puedo caer en maravillosos periodos de introspección sólo con contemplar un cuadro, o sentirme realmente tocado con leer un libro". Frente a esto, "el cine es un medio muy potente en términos de lo que puede hacer a la imaginación. A veces abusamos de ello, pero otras veces necesitamos contar la verdad de determinados casos, poner situaciones horribles en la pantalla para que la gente entienda que son horribles y que no hay que glorificarlas".

"Las cosas cambian", abundó el actor sobre esta cuestión, "y este proceso de cambio se produce, como siempre, a través de la cultura popular, del arte. Superman no es ni más ni menos que uno de nosotros haciendo las cosas lo mejor posible. Todos llevamos un Superman dentro. Todos tenemos poder. La cuestión es si usamos ese poder para el bien".

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