08 mayo 2014

Créditos Rápidos Online

Una financiación suficiente es la sangre que necesitan nuestras empresas y, en especial, nuestras PYMES, para alcanzar su objetivo institucional: generar beneficios para el accionista, crear empleo y, en definitiva, contribuir al progreso económico y social.

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Y durante la larga, larguísima crisis de la que empezamos a vislumbrar su fin, nuestras empresas han vivido en un estado de anemia constante.

Esta anemia puede combatirse de diferentes maneras. Evidentemente, la principal y más efectiva es que los bancos, principalísimos financiadores de las PYMES españolas, presten más dinero y lo hagan a menor coste. Sin embargo, y sin dejar de incidir en la necesidad de que el crédito bancario fluya más y mejor, hay que buscar medidas alternativas o complementarias, que son de dos tipos.

Las primeras hacen referencia a la financiación bancaria ya existente, la que no implica transfundir más sangre, sino mejorar su circulación.

Ahí están las importantes medidas de refinanciación y reestructuración de la deuda empresarial, que tienen por objeto evitar que empresas saludables, con un sólido futuro a medio y largo plazo y producto del tesón y el esfuerzo pasado de generaciones de empresarios, se mueran por una anemia transitoria y cortoplacista.

A través de ellas se trata, pues, de adaptar las amortizaciones de capital y el pago de intereses a los ingresos líquidos reales de la empresa, logrando un progresivo desapalancamiento de las mismas.

La conversión de deuda en capital, la reducción de las mayorías crediticias necesarias para aprobar quitas y esperas o el reforzamiento de la eficacia de los acuerdos de refinanciación en el seno de los procedimientos concursales son algunas de estas medidas.

Las segundas medidas buscan abrir nuevos horizontes a la financiación de las PYMES, los cuales no pasen necesariamente por los bancos, algunas de las cuales pueden beneficiar a todas las empresas a través del beneficio directo que generan en las grandes empresas, en las destinadas al consumo minorista masivo.

Piénsese, por ejemplo, en la flexibilización del régimen de los establecimientos financieros de crédito, los que financian la compra de coches, electrodomésticos o paquetes vacacionales, de forma que un incremento de su consumo provoca un efecto cascada beneficioso para toda la pequeña y mediana economía.

Otras benefician directamente a los nuevos proyectos empresariales, a través de la inyección de recursos en sus etapas iniciales, en muchas ocasiones los más arduos y difíciles, como son las plataformas de financiación participativa (crowfunding). 

Así mismo, estas medidas conjugan la aportación de financiación con la mejora y profesionalización de la gestión empresarial, como el capital-riesgo específicamente orientado a PYMES, que a través de una flexibilización de su régimen financiero pretende orientar el capital a la financiación de las primeras fases de desarrollo de la empresa (venture capital), haciendo atractiva esta orientación respecto del que hasta ahora ha sido el destino principal del capital arriesgado, las operaciones de mayor tamaño ligadas a la reestructuración empresarial y financiación de adquisiciones apalancadas (private equity).

En fin, otras medidas contribuyen a remediar uno de los principales males de las medianas empresas españolas: el reducido número de las mismas que se convierten en grandes empresas precisamente por falta de financiación de sus a menudo magníficos proyectos empresariales. ¿Por qué una sociedad limitada no puede emitir en la actualidad obligaciones, acudiendo para su financiación al mercado de renta fija? 

¿Por qué una sociedad anónima tan sólo puede emitir obligaciones hasta el límite de sus recursos propios si existen inversores que están dispuestos a confiar en la empresa más allá de ese límite? Naturalmente, habrá que salvaguardar la seguridad del obligacionista, pero una cosa es eso y otra muy distinta es excluir de las posibilidades de financiación a través de préstamos representados en valores a la inmensa mayoría de nuestro tejido productivo.

Los últimos proyectos legislativos, que serán leyes publicadas en el BOE en los próximos meses, van en esta dirección, siguiendo la senda que ya han marcado otros muchos países europeos.

Ni estas medidas ni estas futuras leyes son, desde luego, el elixir mágico que curará todos los males de nuestra economía, ni la mejora de la financiación es el único remedio para nuestras empresas, ya que a ellas hay que añadir las de reforma laboral, las de disminución de la presión fiscal, las que alivian las cargas administrativas, las que incrementan la productividad, las que incentivan la innovación y la investigación, las que potencian la internacionalización, las que…

No obstante, son un paso, un largo paso en la buena dirección, y las empresas españolas deben conocer estas medidas y tener un consejo y asesoramiento de calidad suficiente para discernir cuál es la financiación específica que precisa cada empresa y cómo debe lograrse en las mejores condiciones para la misma.

En eso, en el servicio a las empresas, que es tanto como el servicio a sus trabajadores, a sus accionistas y a sus clientes y proveedores, es decir, a todos, estamos trabajando.

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